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El sollo mago
Érase un viejo que tenía tres hijos. Dos de ellos eran listos y hacendosos; el menor, Emelia, era tonto y perezoso. Los hermanos mayores trabajaban, pero Emelia se pasaba el día tumbado a la bartola en lo alto del horno y no quería saber nada de nada....
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El platillo de plata y la manzanita lozana
Éranse dos ancianos que tenían tres hijas. Dos eran presumidas y traviesas, y la otra, la menor, muy callada y modesta. Las hijas mayores vestían sarafanes de vivos colores, calzaban zapatos de fino tacón y llevaban collares de doradas cuentas. Máshenka,...
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El caballito mago
Érase un anciano que tenía tres hijos varones. Los mayores, mozos despiertos y buenos galanes, gobernaban la hacienda. El menor, Iván, el Tonto, no era tan agraciado como sus hermanos. Dominaban a Iván dos pasiones: recoger setas en el bosque y pasar...
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Alionushka e Ivanushka
Éranse dos ancianos que tenían una hija, y un hijo, llamados Aliónushka e Ivánushka. Los ancianos se murieron, y Aliónushka e Ivánushka se quedaron solos en el mundo. Ahiónushka salió al campo a trabajar y tomó consigo a su hermanito. Cruzaron un lejano...
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El zarevitz Ivan y el pajaro de fuego
Tenía el zar Berendéi tres hijos. El menor se llamaba Iván. Poseía el zar un hermoso jardín con un manzano que daba frutos de oro. Alguien acudía al jardín a robar las manzanas de oro. El rey, que tenía mucha estima a su jardín, puso en él guardia. Pero...
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Lo más increíble
Quien fuese capaz de hacer lo más increíble, se casaría con la hija del Rey y se convertiría en dueño de la mitad del reino. Los jóvenes - y también los viejos - pusieron a contribución toda su inteligencia, sus nervios y sus músculos. Dos se hartaron...
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La rosa más bella del mundo
Érase una reina muy poderosa, en cuyo jardín lucían las flores más hermosas de cada estación del año. Ella prefería las rosas por encima de todas; por eso las tenía de todas las variedades, desde el escaramujo de hojas verdes y olor de manzana hasta la...
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Abuelita
Abuelita es muy vieja, tiene muchas arrugas y el pelo completamente blanco, pero sus ojos brillan como estrellas, sólo que mucho más hermosos, pues su expresión es dulce, y da gusto mirarlos. También sabe cuentos maravillosos y tiene un vestido de flores...
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La niña de los fósforos
¡Qué frío hacía!; nevaba y comenzaba a oscurecer; era la última noche del año, la noche de San Silvestre. Bajo aquel frío y en aquella oscuridad, pasaba por la calle una pobre niña, descalza y con la cabeza descubierta. Verdad es que al salir de su casa...
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Los vestidos nuevos del emperador
Hace de esto muchos años, había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia. No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que...
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Yaravi VIII
Ya mi triste desventura No deja Esperanza de tener Alivio; Y el buscarlo solo sirve De darme El tormento de mirarlo Perdido. En vano huiré buscando Regiones Donde olvidar á mi dueño Querido: Con la distancia tendrá Mi pecho Sus recelos y su amor Más fijos....
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Yaravi X
Ya que para mí no vives, Y no te han de ver mis ojos, Pues te he perdido; Daré lugar á mis penas En la triste soledad En que hoy me miro. Tu me intimas el precepto De que olvide para siempre Tus atractivos. Cuando solo con la muerte Sepultaré esta memoria...
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Yaravi IX
¿Con que al fin habeis tomado La fatal resolucion De abandonarme? ¿Al rigor de tus crueldades Al tormento más atroz Quieres matarme? Habeis, pues, firmado al fin La sentencia de mi muerte, Dueño tirano; Y yo tendré que beber El veneno que tus manos Me...
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Yaravi VI
Sin ver tus ojos Mandas que viva Mi pecho triste; Pero el no verte Y tener vida Es imposible. Las largas horas Que sin tí paso Son insufribles, Vivo violento, Nada me gusta, Todo me aflige. El sol me envía Para alegrarme Luz apecible; Mas si no trae Tu...
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Yaravi VII
¿Con que al fin, tirano dueño, Tanto amor, clamores tantos, Tantas fatigas, No han conseguido en tu pecho Más premio que un duro golpe De tiranía? Tú me intimas que no te ame Diciendo que no me quieres, ¡Ay vida mía! ¡Y que una ley tan tirana Tenga de...
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Masa
Al fin de la batalla,y muerto el combatiente, vino hacia él un hombrey le dijo: «No mueras, te amo tanto!»Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Se le acercaron dos y repitiéronle:«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo....
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De porque un judio se hizo cristiano
El judío Abraham, animado por Giannotto de Civigní[1], va a la corte de Roma y, vista la maldad de los clérigos, vuelve a París y se hace cristiano. Hubo en París un gran mercader y hombre bueno que fue llamado Giannotto de Civigní, lealísimo y recto...
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Yaravi I
Todo mi afecto puse en una ingrata; Y ella inconstante me llegó á olvidar. Si así, si así se trata Un afecto sincero, Amor, amor no quiero, No quiero más amar. Juramos ser yo suyo y ella mía: Yo cumplí, y ella no se acordó más. Mayor, mayor falsía Jamas...
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El reflejo
Cuando murió Narciso las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron al río gotas de agua para llorarlo. -¡Oh! -les respondió el río- aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo...
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Yaravi IV
Vuelve que ya no puedo Vivir sin tus cariños: Vuelve mi palomita, Vuelve á tu dulce nido. Mira que hay cazadores Que con afan maligno Te pondrán en sus redes Mortales atractivos; Y cuando te hayan preso Te darán cruel martirio: No sea que te cacen, Huye...
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Yaravi III
La prenda mía, En quien tenía Puesto mi gusto, Hoy me persigue Con odio injusto. Ya yo en sus ojos Solo hallo enojos; Cuando ántes era Su vista sola Mi dicha entera. Ya su voz suave Llenar no sabe Mi triste oido; Sus dulces ecos Ya se han perdido. Murió...
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No nació la mujer para querida
No nació la mujer para querida, por esquiva, por falsa y por mudable; y porque es bella, débil, miserable, no nació para ser aborrecida. No nació para verse sometida porque tiene carácter indomable; y pues prudencia en ella nunca es dable no nació para...
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El Caballero Carmelo
I UN día, después del desayuno, cuando el sol empezaba a calentar, vimos aparecer, desde la reja, en el fondo de la plazoleta, un jinete en bellísimo caballo de paso, pañuelo al cuello que agitaba el viento, sanpedrano pellón de sedosa cabellera negra,...
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El vuelo de los cóndores
I AQUEL día demoré en la calle y no sabía qué decir al volver a casa. A las cuatro salí de la Escuela, deteniéndome en el muelle, donde un grupo de curiosos rodeaba a unas cuantas personas. Metido entre ellos supe que había desembarcado un circo. — Ése...
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El palacio de hielo
,I — ¿QUIERES un cuento oriental en el que pasen caravanas de fetiches sedientos, caballeros en arqueados dromedarios hacia espejismos de plata líquida, o prefieres un cuento ruso de la Perspectiva Nevski o de las desiertas estepas. O la famosa leyenda...
