El origen del venado

  • Luis Andrés Pérez
  • mito, Peru

Habitaban la misma casa dos hermanos, uno rico otro pobre, con sus respectivas mujeres e hijos.

Un dia en que el rico, con muchos convidados, festejaba el corta pelo de uno de sus hijos, se asomo el pobre.

Le ve uno de los invitados, y pregunta:

-¿No es ese tu hermano? ¿Por que no le haces pasar?

-Ese es un domestico.

Oyole el pobre; lleno de afliccion por el desprecio que de el hacia su hermano, decidio abandonarlo y se fue como de costumbre en busca de chicash, unico alimento con el cual sustentaba a su familia.

Detuvose en la puna a descansar sobre una roca, lamentandose de su mala fortuna, cuando oyo que esta le hablaba, consolandole e indicandole siguiera un camino que le conduciría a una gran cueva y que llamara. Siguio las indicaciones de la pena hasta la cueva, donde encontro a un anciano venerable que le dio una piedra diciendole que regresara, sin desprenderse de ella nunca.

Caminaba deprisa, pero la lobrega noche le impidio proseguir su marcha. Busco refugio en una cueva para pasar la noche, con su piedra a la espalda. Le era imposible conciliar el sueno por el hambre y el pesar; nuevamente quejabase de su fatal destino, cuando dormitando escucho este dialogo entre la pena, la puna y la pampa.

Preguntabale la puna a la pena por qué lloraba ese hombre.

-El pobre llora porque su hermano rico lo ha despreciado.

La pampa interrogaba por su parte:

-¿De que se queja ese infeliz?

-De su hermano rico, que lo tiene muerto de hambre -respondia la pena.

-Pues entonces, yo le dare mazamorra de maiz blanco.

-Y yo -dice la cueva-, de maiz morado.

-Y yo -dice la pena-, de maiz amarillo.

Despierta sobresaltado y se encuentra con tres ollitas, las que devoro, procurando que sobrara un poco de cada una para su familia. Y se quedo profundamente dormido.

Al amanecer disponiase a continuar su marcha, pero le fue imposible levantar el atado por su enorme peso; al desatarlo vio, no sin sorpresa, que la mazamorra de maiz amarillo se había convertido en oro; la de maiz blanco, en plata, y la de morado, en cobre. Dejó enterrada una parte y marchose contento a su casa, donde refirio a su familia lo que le había acontecido.

El rico, al descubrir que su hermano había enriquecido bruscamente, le acuso de ladron. Para probar su inocencia, le conto todo lo que le había sucedido, relato que no hizo sino despertar su codicia, y esa misma noche se encamino a la cueva, donde del anciano recibio la piedra, y quedose dormido. Le dio cuernos la pena; la pampa, pelos, y la puna, rabo, con lo que al despertar quedo completamente transformado.

Llego a su casa, le desconoce su mujer, que le echa a los perros. Desde entonces, trocado en venado, va huido por las pampas y punas.

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